Ninja Gaiden II (360)


11 horas dice la partida guardada que me ha costado terminarlo. A veces son muy curiosos los sistemas de recuento de tiempo que tienen los juegos, pues casi que nos echan en cara el mogollón de horas que hemos gastado inútilmente y no cuentan para nada. Me refiero, por supuesto, a intentos fallidos u olvidos de guardar el progreso. En Ninja Gaiden II todo es cuestión de probar una y otra vez hasta que por suerte divina consigues que no te aniquilen. Creo que es uno de los juegos más difíciles con el que he tenido el placer de cruzarme. Así que dudo yo mucho que sólo hayan sido 11 horas las que haya pasado rabiando delante de la pantalla... yo le pondría más de 20 seguro.

No sé por qué cuando lo empecé me parecían muy raras las escenas de vídeo con el motor del juego, como si fuera feo o algo parecido. Tal vez fue un efecto provocado por la primera escena, que muestra a Muramasa con Sonia: el viejo tiene un acabado muy raro, como si se tratara de una estatuilla brillante. Y Sonia tiene los pechos descomunales y una cabeza chiquitita, el peinado es extraño y la cara no acompaña ("^_^) Luego ya aparece el carismático Hayabusa y empieza la acción.

El juego me ha gustado mucho: muy divertido, adictivo y fardón. Los escenarios son muy variados y bien chulos, son lineales pero eso nunca me ha molestado, más bien me libra de un posible agobio. La historia no es muy allá y el final no cuenta nada, pero tampoco es que esperes algo épico.

El enemigo final tiene como tres fases que hay que hacer del tirón y es muy, muy chungo. Por suerte hice caso del consejo de un amigo y me guardé toda las vidas de los dioses que pude y también un grano de vida espiritual, así al aumentarte la barra de vida también te la llena. Pasarme la primera fase costó muuuchos intentos, ni siquiera conseguía hacerle ni una pizca de daño. Cuando ya descubres el método no es muy complicado, pero hay que concentrarse y hacerlo bien para no gastar ni un ítem en curarse. La segunda fase costó aún más y la tercera... a esta sólo llegué una vez. Llegué, luché y vencí. Iba escasa de curaciones porque el anterior me lo había pasado por los pelos, pero ¡ocurrió el milagro! cuando le había quitado la mitad de la vida gracias a mi asombrosa habilidad que surge cuando estoy al límite en un videojuego, hubo una especie de bug o algo parecido y el bicho no me atacó más. Yo tenía a Ryu con la barra de vida ya en rojo, pero me apegué al enemigo y le dí fuerte sin control. Seguramente se quedó de piedra al ver mi valentía y fiereza, y por eso no osó atacarme más. Me terminé el juego y lloré de alegría.
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