Journey (PSN)


Sería imperdonable no dedicarle una entrada de blog al análisis de Journey, una de las últimas maravillas que nos ha llegado a PlayStation Network. El juego no sólo se ha llevado notazas en los medios y una crítica excepcional, sino que ha cautivado a todos aquellos jugadores que han decidido embarcarse en este maravilloso viaje. Es curioso el hecho de que la prensa especializada se haya mostrado un poco más reticente a la hora de puntuarlo con dieces, pero la opinión del público es unánime: se trata de una obra maestra.

Y no sólo eso. Desde que saliera a la venta el pasado 14 de marzo (una semana antes para los miembros PS Plus), la red se ha llenado de gente comentando el juego, asombrados por una propuesta tan original, única y maravillosa. Más fabuloso aún es conocer que el éxito se ha trasladado a las ventas, pues Sony anunció ayer en su blog oficial que Journey ha batido récords en la Store.

He leído a mucha gente decir eso de “este juego no es para todo el mundo”, y no puedo más que mostrar un rotundo desacuerdo. No existe nadie, absolutamente nadie, que lo haya probado y haya quedado decepcionado. Los motivos son complicados de explicar, por eso os invito a que dejéis de leer estas líneas y vayáis directos a comprarlo. No os arrepentiréis. Llegar lo más vírgenes posibles de información a vuestra primera partida sería lo mejor que os podría pasar. A partir de aquí, todo se podría considerar destripe.

Doy por hecho que si has seguido leyendo es porque ya has completado Journey, al menos una vez. O tal vez dos, o quizá ya vas por tu quinta partida. Cada partida de dos horas es una experiencia, un mundo de sensaciones que te dejan satisfecho por el camino recorrido, por los nuevos descubrimientos, por los nuevos logros obtenidos. Y con ganas de repetir, sin duda. Journey es uno de los pocos juegos que puede presumir de que, incluso a los que no nos gusta rejugar ni lo hacemos nunca, todo el mundo quiera una segunda vuelta nada más finalizar la primera.

La mecánica jugable puede traer recuerdos de anteriores creaciones de este estudio. No será raro que, en algún vuelo de mayor intensidad, sintamos reminiscencias de cuando hacíamos volar aquellos pétalos de flores en el hermoso Flower. También en simplicidad de control repiten, pues tan sólo se usan los sticks (izquierdo para el personaje, derecho para la cámara) y tres botones: X para saltar, O para emitir sonido y SELECT para sentarnos. También se nos presenta como posible la opción del sixaxis para manejar la cámara y, aunque luego nadie lo use, acaba resultando un sorprendente acierto: en ocasiones, los movimientos naturales que hacemos con el mando nos brindarán increíbles panorámicas del paisaje.

La aventura no entraña mayor dificultad: plataformas y algún pequeño puzle son la base para avanzar. El juego no pretende suponer un desafío ni poner a prueba nuestra habilidad. Se trata de un viaje, una experiencia que despierta sensaciones, de un deleite de belleza mientras estamos ensimismados en la exploración y el descubrimiento. Se trata de esbozar una sonrisa por cada pequeño detalle que observas, de sentir un impulso que te hace querer indagar qué te espera más allá.

Los escenarios, en una paleta de colores que se mantiene siempre armónica y estable, ofrecen la variedad necesaria. Además, cada fase se reinventa para presentar siempre nuevos elementos. A todo esto ponen el broche de oro los secretitos que hay esparcidos por el mundo, como los símbolos incandescentes (que potencian nuestro poder de salto) o los glifos, antiguos murales que desvelan acontecimientos del pasado. Conseguirlos supone una ardua tarea, pues aunque algunos están bien a la vista, otros pocos nos harán investigar en los rincones más inesperados.

A nivel técnico es exactamente lo que se esperaba viendo tráilers y capturas antes de su lanzamiento. O más hermoso si cabe. Sin bugs, muy sólido y fluido. Los efectos en la arena y cualquier otro terreno están recreados de forma meticulosa para trazar nuestros pasos, mientras contemplamos cómo el sol baña la tierra, que resplandece bajo impresionantes ráfagas de aire. Puro espectáculo. A la estampa acompaña una extraordinaria banda sonora con tintes melancólicos, compuesta por el genio Austin Wintory.

Journey es grande como viaje de pura soledad, pero lo es más aún cuando saca a relucir las bondades de su online, totalmente innovador y sensacional. Lo que se siente cuando, por primera vez, descubres a otro semejante explorando por las mismas tierras, es indescriptible. Cada partida es única porque con cada viajante desarrollas un vínculo distinto: a veces de indeferencia, otras de compañerismo, incluso de mentor cuando ya vas por tu décima partida y te cruzas con un novato. Compartir viaje con muchas personas diversas o con un sólo individuo hasta el final, o sentir la tristeza de alguien que quedó atrás. Compenetrarte con el otro, cuidarlo y que te cuiden. Ver cómo te espera o cómo sufre. Todo sin hablar. El juego no nos deja comunicarnos libremente con la otra persona anónima que el azar ha cruzado en nuestro viaje, y es ahí donde reside su grandeza: las palabras lo estropearían todo.

Cada partida dura unas dos horas, y es que alargarlo más impediría que cada viaje se completara en una sola sesión de juego. Se podría decir que la duración no es calculable, ya que difícilmente haya alguien que no lo quiera volver a jugar muchas veces más. Resulta gracioso que, de todos los trofeos del juego, al final el más complicado sea el que te pide volver después de estar una semana sin jugar. Yo sólo llevo 24 horas y ya me devoran las ganas de volver a viajar.
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