Binary Domain (PS3)


Desde finales de febrero que podéis encontrar en tiendas Binary Domain, un juego de acción creado por japoneses que imita todas las fórmulas occidentales que se han estado viendo en el género. Se trata de lo nuevo de Toshihiro Nagoshi, creador de la saga Yakuza, que ha decidido cambiar totalmente de registro para este proyecto. Lo que no se ha cambiado es la localización, pues nuevamente podremos gozar de una recreación de las calles -en versión ficticia, claro está- de Tokyo.

Porque estamos en el año 2080 y el mundo ha cambiado: las megacorporaciones dirigen el cotarro, en especial dos grandes empresas dedicadas a la robótica. Una de ellas es Amada, de la que la IRTA (Asociación Internacional de Tecnología y Robótica) sospecha como culpable de un reciente incidente sucedido en USA, que confirmaría que están incumpliendo el nuevo tratado de Ginebra. Aquí es donde entra en escena la Unidad Óxido, un grupo de soldados de élite procedentes de países de todo el mundo.

Y entre ellos, nuestro protagonista: Dan Marshall, también conocido como “El superviviente” (para darle ese aire de héroe legendario). En la misión nos acompañarán otros soldados que podremos ir incorporando y sacando de nuestro equipo, según la situación. A veces iremos con un pelotón de cuatro a la vez, pero en la mayoría de ocasiones nos dividirán, dándonos la posibilidad de seleccionar a los dos compañeros que queramos llevar con nosotros.

El sistema de juego hereda directamente todas las bases del TPS que ha establecido Gears of War en esta generación. Y cuando digo todas, me refiero a todas, sin aportar novedades ni hacerlo suyo. El transcurrir del juego también es idéntico, tratándose de un juego puramente lineal, en que cada secuencia de acción tiene lugar en un escenario con sus coberturas y armas esparcidas por él. Una vez liquidados todos los robots del campo de batalla, se da paso a un vídeo cinemático, que al finalizar nos llevará hacia otro pasillo con encuentros. Y así sucesivamente. En unas pocas ocasiones, esta dinámica se verá interrumpida por una zona algo más libre, en que podremos hablar con nuestros compañeros o con los habitantes del lugar. Terminados los diálogos, no hay nada más por hacer: hablar con el objetivo concreto y seguir tirando para adelante.

Tal es así, que los que hayan jugado la saga de Epic Games reconocerán situaciones exactas a las que ya hemos vivido con Marcus, ya sea con escenas de vehículos o con formas de acción e interacción para avanzar en determinados puntos. En este sentido, se aprecia una falta de originalidad total y absoluta, haciendo patente el desconocimiento o ¿inocencia? del estudio japonés al querer sorprender con algo que ya hemos visto mil veces en todas sus variantes, a veces más acertadas y otras menos. En esta ocasión, se puede decir que el calco es resultón y divertido para el jugador, pero adolece de ser genérico en exceso.

Aunque las comparaciones son odiosas, el abuso de influencias no termina ahí. En cuanto a las relaciones con los compañeros del equipo, sentiremos una intención que se acerca a los planteamientos de Mass Effect, dando la posibilidad de desarrollar más o menos confianza con cada uno de ellos, haciendo que eso afecte en cómo se comportan durante el combate y en el devenir de la trama, modificando también determinadas escenas y dando lugar a varios finales ligeramente distintos entre sí.

El aspecto más novedoso y personal de Binary Domain reside en el control por voz, que nos permite dar órdenes mediante micrófono o responder en los diálogos, que cuentan con una lista de frases recomendadas. Aquí una servidora no puede extenderse mucho, ya que no hubo forma de que me reconociera la voz en ningún momento, así que pronto cambié la configuración para dar paso al sistema por botones.

Durante todo el juego iremos encontrando máquinas de abastecimiento a nuestro paso, que nos permitirán usar los créditos ganados en las batallas (que aumentan al realizar headshots, desmontar a los robots por piezas, etc.) para obtener nuevas armas, mejorar las que ya tenemos, comprar botiquines, granadas o nuevas habilidades.

Hablando ya de temas más técnicos, a nivel gráfico nos encontramos un juego que cumple con los estándares actuales, sin ser ningún portento. Los controles también responden perfectamente, aunque la cámara puede antojarse algo brusca cuando la manejamos libremente, ya que va por saltos y no totalmente fluida. En cuanto a la música, nada más allá de una banda sonora ambiental, que cumple con su cometido y poco más. Finalmente, no puedo dejar de mencionar el doblaje en castellano que, aunque siempre se agradece un interés por localizarlo al 100% para nuestro país, sigue siendo criticable que la calidad sea tan mediocre.

Binary Domain cuenta, además, con modos multijugador. Pero son los típicos de relleno que sirven para que los analistas no le quiten medio punto a la hora de hacerle la review. No ofrecen nada destacable, sólo son un contenido práctico para evitarse las (absurdas) críticas que se vierten actualmente en todos esos juegos que no incorporan modos online.

En definitiva, se trata de un juego bueno y divertido. Los personajes flaquean en su personalidad, muy estereotipada, pero se compensa con una trama interesante en torno al tema de la robótica y la ética humana. La jugabilidad, aunque nada novedosa y casi idéntica a otras sagas, está bien resuelta y copia con acierto. Por otro lado, su diseño genérico y la falta total de personalidad en todos sus apartados lo lastran enormemente, siendo probablemente el mayor de sus fallos.
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