Viento del este, viento del oeste (Pearl S. Buck)

    PRESENTACIÓN
Viento del Este, Viento del Oeste (East Wind, West Wind) es una novela escrita en 1930 que narra los conflictos que se generan cuando la cultura occidental penetra en la tradición china. La autora lo presenta por medio de una familia distinguida china, haciendo hincapié en las diferencias culturales y de pensamiento.
Ésta fue la primera obra de Pearl S. Buck (1892-1973), fruto de sus casi 40 años de estancia en China, desde que sus padres misioneros la llevaran con ellos con tan sólo tres meses de vida. Su maestría y estilo le valieron el Premio Novel de Literatura del año 1938.
    ÁMBITO GEOGRÁFICO
La acción de la novela transcurre en Asia, concretamente en China (el Reino Central al que hacen referencia los personajes, pues es el significado literal de su nombre en chino).

A pesar de que la protagonista y narradora, Kwei-lan, no salga de su país natal en ningún momento, hay otros personajes que sí lo hacen: tanto su prometido como su hermano cursan sus estudios en América, lo que les proporciona esa nueva perspectiva de la vida y el mundo. En el caso del hermano, es también en el continente extranjero donde conoce a su futura esposa, Mary, que ha nacido y crecido educada en la cultura americana.

Es a través del hermano y el padre de Kwei-lan que se mencionan diversas ciudades de China, hacia las que se desplazan en momentos puntuales por circunstancias diversas, como los estudios u otros asuntos. El hermano de Kwei-lan desarrolla su interés por occidente en Pekín, cuando asiste a la Universidad Nacional para seguir sus estudios, a los que dedica máxima atención. Tanto es así, que hasta un maestro, el sabio Tang, viaja desde Szechuen (también conocida como Sichuan, provincia china del suroeste) para instruirle en ciencia política.

En cierta ocasión, cuando el hermano de Kwei-lan ya se ha traído a su esposa Mary consigo, ambos realizan una excursión hasta la Montaña Violeta, a la que también se la denomina Montaña Púrpura. Se trata de una montaña situada en la región oriental de la provincia de Jiangsu, en Nanjing. Su nombre le viene dado por las misteriosas nubes de color violeta que envuelven su cumbre al amanecer y al atardecer.

El cabeza de la familia Yang, padre de Kwei-lan, viaja a menudo a Tien-Tsin (municipalidad del norte de China y una de las ciudades más pobladas) por asuntos varios, que no se llegan a especificar. Estos viajes suelen coincidir con momentos delicados en que su ausencia le permite posponer decisiones y, en ocasiones, regresa habiéndose encaprichado por una nueva concubina. Cuando la primera dama fallece, se marcha hasta Shanghai para distraerse y atenuar la pena. Shanghai, situada al este, es otra de las municipalidades de la República Popular de China, la ciudad más poblada del país.

ANÁLISIS
La novela retrata el choque cultural que se produce entre oriente y occidente mediante las vivencias de dos hermanos y sus respectivos matrimonios. Ambos se encuentran en un mismo conflicto, con importantes variantes, que les lleva a rechazar las tradiciones de su familia, muy arraigada en las costumbres chinas. El libro narra este conflicto en dos etapas diferenciadas:

La primera la vive la propia narradora, que nos relata cómo fue su infancia y la de su hermano, con el que tuvo una estrecha relación hasta que éste cumplió los 9 años, momento en que se le trasladó a los aposentos masculinos. Poco después, Kwei-lan comenzaría sus estudios y preparativos para el que, según su cultura, es el único objetivo de las mujeres chinas: casarse, ser una buena esposa y dar un hijo varón a su marido. Aprendió las artes de la educación, la sumisión, a tocar el arpa, a ser delicada y discreta.

Sin embargo, se produce una conmoción cuando, llegado el día, su marido le rechaza esta conducta tradicional. En su lugar, le pide que se adapte a las costumbres occidentales que él ha conocido durante su estancia en América: que se quite las vendas de los pies, que no se someta a él... Quiere que ambos estén al mismo nivel en la pareja. Aunque a Kwei-lan le resultan peticiones incomprensibles y nada adecuadas, debido a la educación que ha recibido, también su cultura dicta que debe obedecer en todo a su marido.

Y así lo hace Kwei-lan, que poco a poco irá descubriendo y dejándose fascinar por el pensamiento y costumbres occidentales, a las que intenta adaptarse para agradar a su marido y hacer de sí misma una “mujer moderna”. Es un hecho curioso, pero es gracias a este rigor en el cumplimiento de las normas que descubre y abre su mente a nuevas ideas occidentales que, con tiempo y esfuerzo, llega a adoptar y —aunque no siempre— a comprender. El marido acoge con gran entusiasmo esta intención de cambio y la apoya en todo momento, comenzando a desarrollarse el amor en la pareja. Tal es así, que no tarda en llegar el primer hijo fruto de este matrimonio.

También el pequeño recibe esta influencia. Costumbres como rezar por su salud o ponerle un pendiente para que, a ojos de los dioses, parezca una niña y no se lo arrebaten, son plenamente rechazadas por el marido de Kwei-lan. Ella acata estas decisiones, aunque en un par de ocasiones no puede resistirse a quebrantarlas sin que su marido lo sepa.

La segunda etapa se inicia con el regreso del hermano de Kwei-lan a China. Negándose a contraer matrimonio con la hija de los Li, con quien se acordó casarle desde pequeño, llega dispuesto a que su familia acepte a su esposa Mary, con la que ha contraído matrimonio en América y a la que ama con verdadera devoción.

Los hechos que siguen son el embarazo de Mary y la enfermedad, cada vez más grave, de la madre. Los padres se oponen radicalmente al reconocimiento de Mary como esposa legítima del hermano de Kwei-lan, aunque en distintos grados. La madre se niega en rotundo a siquiera dirigirle la palabra a su nuera. El padre, por su parte, acoge la situación con más optimismo, pensando que tan sólo es un divertimento temporal del hijo, del que tarde o temprano terminará cansándose. Cuando esto suceda, se casará con la hija de los Li y todo volverá a ir según lo previsto.
Dicho cambio no llegar a suceder nunca. El hermano de Kwei-lan no tiene intención de separarse de su esposa, a la que ama incondicionalmente, y luchará hasta el final por el reconocimiento de la familia, que tampoco llegará nunca.

La madre termina por fallecer, lo que desencadena un rápido desenlace de los acontecimientos. Debido a la disyuntiva sobre quién debe heredar el rango de señora de la casa, si una concubina o la propia Mary, el padre se ve forzado a efectuar un comunicado en nombre de todo el clan Yang, por el cual rechazan a la mujer extranjera. El hermano de Kwei-lan, disgustado ante la decisión, prefiere abandonar la casa familiar antes que a su querida mujer.

Pese a ser desheredado y a que el hijo de la pareja, recién llegado al mundo, no pueda disfrutar de los privilegios que le corresponderían por ser el primogénito varón, el matrimonio resiste ante todo. En este caso no sólo se refleja el poder que ejercen las creencias de cada cultura y su incompatibilidad en determinados ámbitos, sino también que la voluntad de cada persona es fundamental y puede llegar a vencer estas barreras.

COMENTARIO
El comportamiento de Kwei-lan refleja hasta qué punto incide la educación de una persona en su visión del mundo y de la vida, y lo muy difícil que resulta asimilar creencias distintas a las conocidas desde la infancia. Debido a la gran diferencia entre culturas, le supondrá un gran esfuerzo asimilar las nuevas ideas que trae su marido desde América. Pese a todo, el hecho de que ambos sean chinos ayuda notablemente en la resolución positiva de la situación, ya que el problema sólo afecta a Kwei-lan a nivel personal, primero con una fuerte frustración y luego por el trabajo de comprensión que le supondrá satisfacer estas exigencias inesperadas que le impone su marido.

No sucede lo mismo en la situación que vive el hermano de Kwei-lan, que no refleja el conflicto del choque cultural entre ambos miembros de la pareja, sino los problemas familiares relacionados. Este hecho dificulta aún más el que haya un desenlace positivo, pues deben luchar contra las creencias tradicionales de los padres de él, sin factores que ayuden al cambio de pensamiento.
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