La inmadurez de un sector que juega a ser mayor

(A raíz del libro Cohetes Rosas sobre Cielos Nintendo, de S*T*A*R)

Una tarde de esta semana me leí el libro publicado por STAR-T MAGAZINE BOOKS, con primera y única edición de enero de 2013 y autoría a cargo de S*T*A*R. Se llama Cohetes Rosas sobre Cielos Nintendo, pero el contenido poco tiene que ver con el título. O con el subtítulo. O con la sinopsis.

Empezando por la propia contraportada, donde parece que nos va a desvelar todas las "deslealtades, malas artes, manipulación y trampas de trilero" que hace que la industria del videojuego esté dominada por "unos pocos a costa del desconocimiento e inocencia de otros muchos". Lo que vienen siendo trapos sucios e información privilegiada, cercana, interna. Una denuncia, podríamos pensar, de lo que se cuece dentro del sector.

S*T*A*R, al que definen como "azote de la cultura del videojuego y ponderante media-whore", viene a desvelarnos la verdad, a iluminarnos. Quiere sacar todo a la luz para que el paradigma cambie, y pretende hacerlo con este libro. Y sigo citando de la contraportada: "directrices para evitar engaños, confesiones rebosantes de sinceridad, revelaciones para un futuro alternativo, estados de la mercadotecnia, ergonomía emocional". Casi parece que venga a abrirnos los ojos a los usuarios, a compartir un conocimiento que los desarrolladores, "vacas sagradas" les llama, no quieren que se sepa.

Con toda esta introducción aborda uno el libro que tiene entre sus manos, pensando que alguien ha hecho un análisis muy detallado, un estudio profundo. No queda claro si el autor viene a contarnos "cómo crear emocionalmente un videojuego", tal como reza el subtítulo, o si se trata de hacer pública la mala praxis. La realidad es que no tiene nada que ver con uno ni otro. Cohetes Rosas sobre Cielos Nintendo trata, única y exclusivamente, de la comunidad del desarrollo vintage en España vista a través de los ojos de S*T*A*R. Ni más, ni menos.

Si eres un gran fan de S*T*A*R, te encantará saber qué opina este hombre sobre la comunidad vintage. Si te encanta el mundillo, tal vez te interese leer lo que un miembro de esa comunidad tiene que decir sobre el sector. El problema es que esto limita el target del libro al límite. ¿Cuántos fans tiene S*T*A*R? ¿Cuántos miembros de la comunidad vintage española tienen algún interés en lo que S*T*A*R pueda escribir sobre ellos? Teniendo en cuenta que la mayoría son hombres adultos de entre 30-40 años o incluso más, a los que las riñas de patio de colegio ya les quedaron muy atrás, probablemente nadie.

Dime qué pretendes y te diré quién eres

Así se llama el primer capítulo, desglosado en siete preguntas que tienen el propósito de hacer recapacitar al desarrollador vintage. S*T*A*R, que en la entrevista de la última revista Retro Gamer ya dejó claro que consideraba que muchos de los juegos que surgían de esta comunidad eran de calidad nula, cuestiona el proyecto que pudiera tener el lector. Las premisas son tan básicas como obvias, buscando la reflexión al respecto de la capacidad, la necesidad, la utilidad y demás aspectos del proyecto que quisiera emprender el supuesto lector (en teoría, un desarrollador vintage). La idea básica es que solo lo lleves adelante si eres capaz, si tienes el talento, las ganas y el convencimiento de que tu obra va a ser útil.

Al señor S*T*A*R se le escapa, no obstante, que algunos puedan desarrollar videojuegos vintage por pura diversión, como mero hobby, y que en tal caso es totalmente irrelevante la calidad del resultado.

No es que esté mal recapacitar sobre las capacidades de uno mismo. Lo que está mal es la exposición, ofensiva a todas luces y en todas las direcciones que va salpicando sin control. Escribir un libro no te convierte en autoridad, pero está claro que tienes que sentirte tal para impartir semejantes lecciones e ir repartiendo verdades absolutas. ¿Qué se necesita para ser una autoridad? Por ejemplo, no juzgar a todo aquel que no sea uno mismo o sus propios amigos. No puedes ser una autoridad de nada, no puedes hablar de análisis de la sociedad, si para indagar en su actitud te basas en tus defectos y no en la observación. Solo puedes pensar lo peor de los demás cuando tú mismo lo albergas. Es esa tendencia de atribuir a los demás, a TODOS los demás, aquellas actitudes que nacen en uno mismo; y creer firmemente que nadie, excepto su persona, se salva de tal afirmación.


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